jueves, 19 de abril de 2018

"Ha llegado la hora aciaga de un cambio de estilo"


Decir que Rafael Spregelburd (actor de teatro y de cine, director teatral, escritor y traductor) es un tipo de genio es no decir nada. O mejor, es apenas una formulación que necesita algún respaldo. Para demostrarlo, sin embargo, bastaría con leer la columna que publicó el pasado 13 de abril en el diario Perfil, de Buenos Aires, donde plantea algo así como la pantomima de diálogo entre el juez Sérgio Moro, apenas un accesorio del establishment brasileño, y el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, nuevamente candidato a la presidencia de su país, con el objeto de encarcelar a este último e impedirle participar en las próximas elecciones. Cabe entonces preguntarse no sólo a qué lengua se traduce –como solemos hacer en este blog–, sino también cómo, cuándo y por qué. En este caso, para dar testimonio de una infamia.

Negociaciones conversacionales

Harold Pinter se adelantó medio siglo a esto que hoy es vox pópuli: el lenguaje es poder. Quien pregunta no tiene el mismo estatuto que quien responde, quien obedece una orden no goza de las mismas posibilidades que quien las da, etcétera. Pero extraña y afortunadamente quien da una orden imposible (como decirle “Siéntese” a alguien que ya está sentado) no siempre tendrá éxito, ni quien pretende arribar a una verdad lo logrará solo por su autoridad.

El diálogo del juez Sérgio Moro para encarcelar a Lula da Silva se me torna más pintoresco que real. Es más, dudo que sea real, pero creo inspirador replicar por escrito esta versión muy difundida:
“–¿El departamento es suyo?
–No.
–¿Seguro?
–Seguro.
 –¿Entonces no es suyo?
–No.
–¿Ni un poquito?
–No.
–¿O sea que usted niega que sea suyo?
–Lo niego.
–¿Y cuándo lo compró?
–Nunca.
–¿Y cuánto le costó?
–Nada.
–¿Y desde cuándo lo tiene?
–Desde nunca.
–¿O sea que no es suyo?
–No.
–¿Está seguro?
–Lo estoy.
–Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?
–No lo elegí.
–¿Lo eligió su mujer?
–No.
–¿Quién lo eligió?
–Nadie.
–¿Y entonces por qué lo compró?
–No lo compré. 
–Se lo regalaron...
–No.
–¿Y cómo lo consiguió?
–No es mío.
–¿Niega que sea suyo?
–Ya se lo dije.
–Responda la pregunta.
–Ya la respondí.
–¿Lo niega?
–Lo niego.
–O sea que no es suyo. (...)
–Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?
–No, por eso le pregunto.
–Ya le respondí”.

El Brasil no solo se hunde en la negrura sino que además inaugura una instancia preocupante: si la política regional siguió siempre el sucundún del realismo mágico, nos ha llegado la hora aciaga de un cambio de estilo hacia el “teatro de amenaza”, un mote con el cual los detractores de Pinter pretendían minimizar la potencia –la verdad– de su obra.

miércoles, 18 de abril de 2018

El SPET se despierta en abril con Patricia Willson

Griselda Mársico y Uwe Schoor, han hecho llegar al Club de Traductores Literarios de Buenos Aires la siguiente información:

En el primer encuentro del año, que tendrá lugar el Miércoles 25 de abril a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), tendremos el placer de entrevistar a Patricia Willson, fundadora del SPET. La actividad tiene por título “’... pero sí sé que se reflexiona más’. Cambios en los Estudios de Traducción entre las dos ediciones de La Constelación del Sur (2004, 2017)”
  
Patricia Willson es doctora en letras por la UBA y traductora por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Es autora de La constelación del Sur. Traductores y traducciones en la literatura argentina del siglo XX (Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2017, 2ª ed.) y coeditora con Andrea Pagni y Gertrudis Payàs de Traductores y traducciones en la historia cultural de América Latina (México, UNAM, 2011). Ha traducido, entre otros autores, a Roland Barthes, Paul Ricœur, Gustave Flaubert, Jean-Paul Sartre, Richard Rorty, Mary Shelley, Mark Twain, H.P. Lovecraft, Jack London. Fue docente del IES en Lenguas Vivas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y profesora-investigadora en El Colegio de México. Actualmente enseña en la Universidad de Liège, Bélgica. Es miembro fundador de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Traducción e Interpretación (ALAETI) y de la Asociación Internacional de Estudios de Traducción e Interculturales (IATIS).

martes, 17 de abril de 2018

Primeras repercusiones de la muerte de Sergio Pitol en la prensa hispanoamericana


El 12 de abril pasado, El Universal, de México, con el título “Juan Villoro se despide de su maestro Sergio Pitol, publicó las siguientes reflexiones:

“Sergio Pitol fue una gente extraordinariamente alegre, se enfrentó al sufrimiento y a los dolores de la vida con una alegría rebelde y desafiante”, asegura Juan Villoro de su amigo y maestro de la vida y las letras. “Una de las cosas más importantes en la literatura de Pitol es esa pasión carnavalesca por la vida y creo que debemos recordarlo así, no en clave dramática sino en la clave festiva que siempre quiso impregnarle a sus libros”.
Villoro lo conoció a Pitol a los veinte años y desde el principio, dice, lo trató como si fueran cómplices del mismo oficio y hubieran vivido muchas cosas juntos. “Se convirtió en un maestro vital para mí no solamente como escritor sino con esa actitud poco frecuente entre los artistas y los escritores de entender que la alegría y la dicha son formas de la rebeldía, de la disidencia. Fue una persona llena de sentido del humor, con gran gusto por los viajes, por los animales, la música, la comida, una persona extraordinariamente vital.”
Juan vio a Sergio por última vez en noviembre del año pasado. Lo visitó en su casa de Xalapa, donde hoy falleció a los 85 años. “Lo encontré escuchando música y pude estar otra vez ante su sonrisa. No hablaba, pero todavía se comunicaba con el signo que definió su vida, que fue la alegría y su actitud sonriente y desafiante incluso en los momentos más difíciles.”

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Por su parte, en El País, de Madrid, del mismo día, luego de la semblanza de rigor, hay un recuadro que, con el título “Una despedida discreta”, comenta las primeras repercusiones de la muerte de Pitol:

México se ha despedido discretamente de uno de sus tesoros literarios mejor guardados. Sergio Pitol, fallecido la mañana del jueves en su casa de Xalapa, Veracruz, ha sido despedido principalmente por profesionales de las letras y las autoridades culturales mexicanas. “Celebramos su vida y legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años”, se lamentó la secretaria mexicana de Cultura, María Cristina García Cepeda. La ministra dijo que convocará a instituciones, amigos y familiares a un homenaje nacional al escritor.

Pitol ha sido saludado a su partida una última vez por escritores e intelectuales mexicanos de diversas generaciones. El historiador, editor y ensayista Enrique Krauze dijo que Pitol fue “siempre apreciado y respetado”. Jorge Volpi, el más reciente recipiente del Premio Alfaguara de novela, lo calificó como “uno de los mayores escritores de nuestra lengua” y recomendó dos obras “perfectas”, El desfile del amor y El arte de la fuga.

Valeria Luiselli, de 34 años, aprovechó el fallecimiento para recordar a la extinta triada de cronistas que parodiaron las contradicciones de la sociedad mexicana: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y el propio Pitol. “Ya andan de pachanga (fiesta) otra vez. Gracias por iluminar partes oscuras de nuestras almas, por hacernos reír de nosotros mismos y por recordarnos siempre que la libertad de pensamiento no es canjeable por nada”, escribió en Twitter la autora de Los ingrávidos.

Los políticos también dijeron adiós al Premio Cervantes 2005. En medio de la campaña electoral rumbo a las presidenciales del 1 de julio, los principales candidatos presidenciales dedicaron unas palabras al autor de El mago de Viena. “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska, los tres grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos”, dijo Andrés Manuel López Obrador, el puntero de las encuestas. El candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, destacó la “extraordinaria inteligencia y humor” de Pitol. Aurelio Nuño, el jefe de campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, destacó el carácter de viajero infatigable que deja a los mexicanos “obras maravillosas”. Todo un legado que el gran público aún está por descubrir.


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En Córdoba al día del 13 de abril y con el título “Sergio Pitol reúne en su muerte a los contrarios”, el periodista Álvaro Belín Andrade resume las repercusiones “políticas” de la muerte de Pitol en los siguientes términos:


Aunque ninguno de ellos debió haber leído alguno de sus libros, tres candidatos presidenciales expresaron su pesar por la partida de Sergio Pitol, escritor veracruzano (nacido accidentalmente en Puebla) quien este jueves por la mañana abandonó Xalapa, la ciudad donde decidió amarrar su nave, luego de recorrer intensamente el mundo y haber residido en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga (donde fue agregado cultural de México), y de Roma, Pekín y Barcelona, además de la Ciudad de México.

El candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, por el que Pitol tenía una clara afinidad política, escribió en su cuenta de Twitter: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska; los tres, grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos y dimensión social”.

Por su parte, José Antonio Meade, candidato del PRI a la Presidencia, también se refirió a este hecho en su cuenta en Twitter: “Lamento la muy sensible pérdida del Maestro Sergio Pitol, hombre y escritor profundo, de espléndida narrativa e impecables traducciones. Las letras y la comunidad cultural están de luto. El país lo está”.

Ricardo Anaya, candidato presidencial del PAN, también usó esa red social para manifestar su pesar por la muerte del autor de novelas, cuentos y ensayos, y aunque algunos internautas comentaron que seguramente nunca lo había leído, escribió: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, uno de los grandes narradores de nuestro país, escritor de extraordinaria inteligencia y humor. Envío mis condolencias y solidaridad a sus familiares y amigos”.

El presidente Enrique Peña Nieto escribió en su cuenta: “Sergio Pitol aportó talento, imaginación y creatividad a México. Su obra forma parte del gran legado cultural que nuestro país comparte con el mundo. Mi más sentido pésame a su familia y a la comunidad cultural. Descanse en paz”.

Hasta la tarde de este jueves, la candidata independiente Margarita Zavala, muy ocupada en preparar una transmisión por Twitter, que ocurriría a partir de las siete de la noche, no había comentado nada al respecto de Pitol. Tampoco, por supuesto, el candidato independiente, renacido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Jaime Rodríguez, El Bronco, quien no ha establecido nunca sus coordenadas en materia cultural.

La comunidad cultural lo despidió
La secretaria de Cultura del gobierno federal María Cristina García Cepeda, escribió en su cuenta en Twitter: “Lamentamos la partida de Sergio Pitol. Celebramos su vida y su legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años. Mis condolencias a sus familiares, amigos y a la comunidad cultural”.

La Universidad Nacional Autónoma de México, en su cuenta oficial en Twitter, publicó: “¡Hasta siempre Sergio Pitol! La UNAM lamenta el fallecimiento del gran escritor, egresado de la #UNAM y ganador del Premio Cervantes en 2005”. Concluye su mensaje con una liga al perfil del escritor, del que menciona sus libros de cuentos: Infierno de todos (1964), Los climas (1966), No hay tal lugar (1967), Cementerio de tordos (1982) y Vals de Mefisto (1989); sus novelas El tañido de una flauta (1982), Juegos florales (1982), El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991), y sus libros de ensayos, en que destacan El arte de la fuga (1996), Pasión por la trama (1998) y Soñar la realidad (1998).

También hace referencia a los autores que fueron traducidos magistralmente por Pitol (Joseph Conrad, Henry James o Witold Gombrowicz) y las distinciones que le fueron entregadas, como el Gran Premio de la Asociación de Cultura Europea de Polonia (1998), el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1999) y el Premio de Literatura y Lengua Castellana Miguel de Cervantes (2005).

La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM le dedicó un hermoso mensaje: “Despedimos con tristeza a aquel que nos deja una prosa de fuego, de agua, de Ícaros: Sergio Pitol”, en un tuit en que anexó el Material de Lectura dedicado a su prosa, con los breves textos narrativos “Semejante a los dioses”, “Ícaro” y “Mephisto-Waltzer”, con el prólogo “El asedio del fuego” de Juan Villoro, gran amigo del escritor laureado con el Premio Cervantes en 2005.

La UNAM, por cierto, ha anunciado que rendirá un homenaje póstumo al escritor, que se realizará en la que fue su casa, la Facultad de Filosofía y Letras. Pitol fue un distinguido universitario, egresado de la UNAM, profesor de literatura eslava en la Facultad de Filosofía y Letras y coordinador de Extensión Universitaria.

También planea un homenaje el Instituto Nacional de Bellas Artes, donde ya se había planeado un acto para el 6 de junio, junto con la Universidad Veracruzana y la familia de Pitol, por sus 85 años. Ahora, el INBA evalúa con la familia si se mantiene esa fecha o se adelanta.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó: “Sergio Pitol fue un destacado escritor y ensayista del siglo XX y un espléndido representante de la literatura mexicana. Descanse en paz”.

La UNESCO expresó: “Hoy ha fallecido el escritor mexicano Sergio Pitol, uno de los más grandes autores de la literatura latinoamericana. Buen vieja, maestro, gracias por sus libros”. El Hay Festival España escribió: “Lamentamos profundamente la muerte de un amigo como Sergio Pitol. Descanse en paz, maestro”.

La Editorial Almadía lo despidió con el siguiente texto: “Hoy emprende su viaje que escribirá con Monsiváis y Pacheco. Uno de cavilaciones y aventuras. Uno que haría Sergio Pitol. “Soy hijo de todo lo visto y lo soñado, de lo que amo y aborrezco, pero aún más ampliamente de la lectura”. Almadía lamenta el fallecimiento de nuestro maestro”.

El escritor veracruzano José Homero escribió en su cuenta de Twitter: “Sergio Pitol fue un ser humano extraordinario, un escritor de excepción y un amigo sin par. Lamento mucho la noticia de su muerte y me abruma la tristeza. Nos queda sin embargo el don de su conversación, de su talento y de su inagotable sabiduría a través de sus libros. D.e.p.”.

Los políticos locales y Sergio Pitol
En el ámbito local, hasta la tarde del jueves, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares tenía congelada su cuenta de Twitter en la conferencia de prensa del miércoles, donde se refirió a los bienes incautados por la PGR a Javier Duarte y entregados a su gobierno.

El candidato del PRI al Gobierno de Veracruz, José Francisco Yunes Zorrilla, escribió desde la mañana: “Muy lamentable noticia el fallecimiento de un excelente escritor, traductor, diplomático, y ganador del Premio Cervantes, Sergio Pitol Demeneghi. Descanse en paz mi estimado amigo”. Por su parte, el dirigente estatal del PRI, Américo Zúñiga, escribió: “Nos despedimos hoy de un hombre universal, escritor prolífico, siempre cercano y querido para Veracruz. Hasta siempre maestro. Descanse en paz Sergio Pitol”.

Sara Ladrón de Guevara, rectora de la Universidad Veracruzana, donde Sergio Pitol fue docente e investigador, escribió un largo mensaje: “Con profundo pesar me entero del fallecimiento del maestro Sergio Pitol, el más distinguido integrante de nuestro claustro académico. Los integrantes de la comunidad UV nos encontramos de luto. Descanse en paz”.

El Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC) publicó en Twitter: “El IVEC lamenta profundamente el sensible fallecimiento del literato Sergio Pitol (1933-2018). Enviamos sinceras condolencias y pronto resignación a sus familiares. Una gran pérdida del campo literario. QDEP”.

El Ayuntamiento de Xalapa publicó: “Hoy despedimos a un gran escritor, pieza clave de la literatura latinoamericana del siglo XX. Descanse en paz Sergio Pitol”.

La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) también se manifestó este jueves: “Lamenta CEAPP y se une a la pena que embarga a la familia del escritor Sergio Pitol Demeneghi, Premio Cervantes 2005, quien falleció este jueves, a los 85 años de edad”.

También lo hizo el Grupo Legislativo del PAN en el Congreso local: “Las diputadas y diputados del Grupo Legislativo del PAN, nos unimos a la pena por el fallecimiento de Sergio Pitol, hombre que aportó su talento y visión del mundo a la literatura y cultura mexicana. Descanse en paz”.

lunes, 16 de abril de 2018

A los 85 años, murió en Xalapa el gran escritor mexicano Sergio Pitol


En la edición de Página 12 del viernes 13 de abril, Silvia Friera dio cuenta de la muerte del escritor y traductor mexicano Sergio Pitol, ocurrida un día antes. Lo hizo en los siguientes términos.

Adiós al hombre que no supo nada de fronteras

Cada vez que escuchaba a Luciano Pavarotti en su casa en Xalapa, capital de Veracruz, sonreía. El más excéntrico y políglota de los escritores mexicanos, Sergio Pitol, murió a los 85 años por las complicaciones provocadas por la afasia progresiva que sufría desde 2009. No podía moverse ni hablar a causa de esta enfermedad neurodegenerativa que empezó horadando la producción verbal del autor de El arte de la fuga. Que no pudiera articular palabras es una de las ironías más atroces del destino del Premio Cervantes 2005. Esa sonrisa que esbozaba cuando oía al tenor italiano era su manera de expresar que estaba contento. Todas las tardes la ópera vibraba por las paredes de esa vivienda de la calle Pino Suárez. Hasta Homero y Lola, dos perros que Pitol sacó de un refugio, disfrutaban de esa epifanía musical. De vez en cuando le leían libros y le mostraban imágenes de su vida y de sus amigos, especialmente de Carlos Monsiváis.

Pitol –nacido en Puebla el 18 de marzo de 1933– perdió a su madre (ahogada en el río Atoyac) a los cuatro años. Al poco tiempo murieron su padre y su hermana, y estuvo enfermo de malaria de los seis a los doce años. Como no podía salir de su casa, la vida que pensaba que era real fue la de los libros. Su abuela, que lo cuidó y educó, era una lectora de tiempo completo. Pronto iniciaría un largo camino de la mano de Julio Verne, en cuyas historias había muchos huérfanos que van a buscar a sus padres o se pierden en el mundo. Después llegarían R. L. Stevenson, Mark Twain y Charles Dickens. De la lectura como “medicina” a la palabra escrita había apenas un par de pasos. Los dio en la adolescencia, cuando se animó a escribir. Los dos escritores que más le interesaban, que admiraba con devoción, eran Borges y William Faulkner. “Si me acercaba demasiado a Borges, sería un esclavo de ese lenguaje, una mera copia”, recordó en 2005 en una entrevista con Página 12. Leer, escribir y viajar formaban parte de un mismo núcleo vital. A los 20 años salió de México y en Caracas garabateó poemas. “Decir que eran deleznables sería elogiarlos”, admitía con esa ironía que cultivaba para huir de la solemnidad. Durante dos décadas publicó cuentos: Tiempo cercado (1959), No hay tal lugar (1967) y Del encuentro nupcial (1970).

Miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, se desempeñó como agregado cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú –donde consolidó su afición por la literatura en general y por Antón Chéjov en particular– y Praga. También vivió en Roma, Pekín y Barcelona, donde entre 1969 y 1972 tradujo para varias editoriales, del chino, inglés, húngaro, italiano, polaco y ruso. Una de sus traducciones más reconocidas es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; también tradujo a Witold Gombrowicz (Cosmos, Transatlántico, Bakakai y Diario argentino), a Jerzy Andrejewski (Las puertas del paraíso), a Henry James (Las bostonianas, Una vuelta de tuerca y Los papeles de Aspern), a Ronald Firbank (En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli), a Chéjov (Un drama de caza) y a Vladimir Nabokov (La defensa), entre otros. Adicto a la invención de historias, acaso el más chejoviano de los narradores mexicanos, invitaba a sus amigos en los restaurantes a imaginar las vidas de comensales vecinos, y apelaba al juego, al dislate, una jubilosa ferocidad en la que ponía a prueba esos procedimientos narrativos que caracterizan su prosa, especialmente la intuición más radicalizada y la libertad para aventurarse a escribir distinto a la tradición en la que se habita. Jamás se sublevó ante la etiqueta de escritor “raro” o excéntrico. Esa rareza –la libertad de escribir diferente, casi de espaldas a eso que se podría llamar “sistema literario mexicano”– cristalizó en el hecho de que fue un narrador secreto o poco reconocido por sus pares mexicanos hasta mediados de los ‘80. Su prestigio empezó a crecer cuando ganó el Premio Herralde de novela en 1984 con El desfile del amor, “una comedia de enredos donde la parodia, lo esperpéntico y lo grotesco juegan un papel esencial”, definía Pitol a esta novela, la primera de Tríptico del Carnaval, que incluye Domar a la divina garza (1989) y La vida conyugal (1991).

“La parodia es un procedimiento literario que surge de mi personalidad, de mi modo de mirar el mundo”, explicaba. “Desde niño vivo, hablo y escribo la parodia. Thomas Mann decía que todas sus novelas eran paródicas. Cuando leía un trabajo académico sobre uno de sus libros o su presencia literaria, Mann sentía que ese lenguaje era serio y que estaba mutilado porque en todas sus novelas, hasta el Doctor Faustus, utilizó las formas paródicas. Para mí la parodia es el carnaval; son formas de mi organismo mental que ayudan a compensar y a equilibrar mis neuronas. La literatura paródica es vital en Latinoamérica, pero hubo épocas tan tenebrosas en nuestros países, las dictaduras militares, que hicieron casi imposible hacer algo cómico”. El arte pitoliano distorsiona lo que mira y desconfía de géneros literarios. Enrique Vila-Matas, que prologó Los mejores cuentos del mexicano, advierte que el estilo Pitol “consiste en contarlo todo pero no resolver el misterio”. 

El autor de Trilogía de la memoriaEl arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005)– fue el gran alquimista que difuminó las fronteras entre realidad y ficción con ensayos que devienen relatos y novelas que se transforman en ensayos. Entre sus premios destacan el Xavier Villaurrutia (1981) por Nocturno de Bujara –reeditado por Anagrama, la editorial que publicó toda su obra–, el Juan Rulfo (1999), el Cervantes (2005) y el Alfonso Reyes (2015). Pitol era un enamorado de las literaturas periféricas. “Las modas literarias, las supereditoriales, las grandes metrópolis aniquilan cualquier posibilidad creadora”, advertía. “Mi formación está situada en culturas periféricas. Vivir en un enclave lingüístico donde la vida cotidiana transcurre en medio de tres o cuatro lenguas es apasionante y enriquecedor. Algunos de los logros literarios de este siglo surgen de esta vibración que se establece entre una cultura lejana y la metrópoli: Irlanda, Austria, Polonia... O los escritores rusos del XIX: ellos también son literatura periférica.”

“Tengo como orgullo y privilegio el que mi vida se haya cruzado, al menos por un día, con la obra de Pitol: fui miembro del jurado que le otorgó el Premio Cervantes una luminosa mañana de diciembre”, recuerda Rodrigo Fresán. “Salí de allí muy contento y entré en internet (ese aleph inequívocamente pitoliano) para ver qué se decía sobre el flamante ganador. Los comentarios eran unánimes en su alegría y, por ahí, flotando en el ámbar de la electricidad, reparé en una frase de Pitol: ‘La inspiración es el fruto más delicado de la memoria’. De ser esto cierto –y creo que sí lo es– entonces Pitol es uno de los frutos más delicados de la inspiración.”


viernes, 13 de abril de 2018

Elvio Gandolfo comenta una novela de Michael McDowell publicada por La Bestia Equilátera


Además de ser un excelente escritor y un muy buen traductor, Elvio Gandolfo es un lector empedernido y sagaz. El 3 de diciembre del año pasado, publicó en el diario La Nación la siguiente reseña de Los elementales, del escritor estadounidense Michael McDowell (foto), que, con traducción de Teresa Arijón, publicó La Bestia Equilátera.



Otra joya secreta del terror

En el terreno de la lisa y llana fama pública, Michael McDowell es relativamente conocido como guionista de dos películas de Tim Burton: Beetlejuice (1987) y El extraño mundo de Jack (1993), películas que desplegaban un manejo muy personal del grotesco y el terror. Es a este último género que McDowell (1950–1999) dedicó sus mayores esfuerzos como narrador, dando a conocer tanto ediciones de bolsillo originales como guiones de series. Su interés iba más allá de la literatura: era famosa su colección de objetos y documentos relacionados con la muerte (fotografías, ataúdes, lápidas de los estadounidenses) en todas sus formas y épocas, un acopio que a menudo consultaban los historiadores
.
En alguna entrevista, McDowell declaró que los principales autores que lo formaron fueron Eudora Welty y H. P. Lovecraft. Ambos mundos (el sur norteamericano de la primera, los monstruos del segundo) se cruzan en Los elementales, novela de 1981 que está considerada su obra principal. La originalidad es notoria: lo macabro de la historia se va entregando de a poco, al mismo tiempo que se recupera y renueva la tradición de la casa embrujada.

La muerte de una matrona sureña, veterana y malvada, provoca ya en las primeras páginas un extraño –también chocante– rito familiar funerario. Después, el grupo de personajes se traslada a una zona donde se alzan, a la vista del golfo de México, tres mansiones góticas victorianas. Dos de ellas, al parecer, inofensivas y habitadas. La tercera, vacía y ominosa. La arena blanca es un elemento añadido, extraño por su particular comportamiento.

La personalidad de los distintos personajes se va afirmando con datos precisos y a la vez singulares. Si hubiera que elegir a quienes luchan con más vigor contra el Mal, podría nombrarse a India, una niña criada por un padre medio hippie, y Odessa, una criada negra conectada con el plano sobrenatural. Dos peligros del lugar común (la densidad asfixiante de las novelas de familias sureñas, aquí los McCray y los Savage, y los lugares comunes del terror) son apartados con buen pulso por McDowell. De hecho, la novela aprovecha a fondo tanto el clima natural extraño (cruce de playa y niebla fugaz, nada inglesa, con lugar vacacional y maldito), que mezcla el calor extremo y la lluvia intensa, como la composición pintoresca y variada del grupo de personajes. En ese sentido, los diversos protagonistas se recortan con la nitidez de naipes de tarot y alcanzan un matiz más delicado en la relación entre India y Luker, padre e hija, venidos ambos de la remota Nueva York.

Los elementos terroríficos, si bien cumplen con la cuota macabra de rigor, operan con un dinamismo similar. Paralelo al tema central se desarrolla otro eje, relacionado con una veterana alcohólica y su marido, político y manipulador, que aparece tardíamente en escena, pero que ya figuraba en los diálogos previos. Se lo veía como un personaje "moderno", y, por lo tanto, desde un punto de vista sureño, perverso.

India y Odessa construyen, por un lado, una típica pareja de luchadoras épicas contra el Mal. Los demás personajes de las dos familias, por otra, se van relacionando entre sí para establecer combinaciones dobles o triples, a veces cargadas por el pasado familiar, lejano o cercano. De todos modos, lo que importa para el lector es sobre todo la acción del presente. El estilo es ágil y pragmático, también sintético y sorpresivo con sus golpes de efecto, a puro susto o emoción.

Resulta casi imposible no ir imaginando, a medida que transcurren las páginas, el film que resultaría de filmarse la novela, y hasta la larga serie de actores que podrían encarnar a los personajes. Pero el ajuste final del círculo de terror, que da nombre al libro, hace olvidar todo lo que no sea la vorágine de movimientos angustiosos de las últimas páginas, que se ocupan de cerrar la mayoría de los hilos sueltos. Alguno, adrede, queda suelto.

Stephen King supo elogiar a McDowell: después de Los elementales dan ganas de conocer sus otras novelas.

jueves, 12 de abril de 2018

Un elefante que se llama Fondo de Cultura Económica


Felipe Ponce es Licenciado en Letras por la Universidad de Guadalajara. Becario del IV Curso de Formación de Editores Iberoamericanos, auspiciado por la Universidad Complutense de Madrid y la Sociedad Iberoamericana de Amigos del Libro y la Edición (2004), es el director fundador de Ediciones Arlequín (1994) y editor de la Editorial Página Seis (2009). El siguiente texto fue publicado por El Diario NTR, en su edición del 9 de abril de este año. La referencia que hace a un artículo del Administrador de este blog está en la entrada “Sobre algunas políticas del F.C.E. de México”, correspondiente al 28 de febrero de 2018.

La silla es mía y no puedo sentarme

Solemos estar satisfechos con aquellas entidades que en apariencia hacen su trabajo bien y que además gozan de prestigio y reconocimiento. Nos acostumbramos a ellas, poco les cuestionamos o regateamos. Pasan los años y siguen allí, sus formas no cambian nada y esas instituciones (¡cómo se ha vuelto peyorativa esa palabra!) continúan con procesos inamovibles, formatos inaccesibles, métodos infalibles… Y todo es costumbre: una anomalía en el paisaje, porque es lo que hay.

Hace poco leí un texto de Jorge Fondebrider que me abrió los ojos acerca de un elefante blanco que tiene librerías. Es de mucha reputación y vive en casa. El elefante no tiene un dueño, es de todos, pero está amaestrado para jugar sólo con sus propios juguetes y con los de los vecinos ricos, que imponen a gran precio. Y los editores mexicanos en pequeño, que también tienen juguetes y que además son en parte dueños del elefante, están excluidos, y cuando se les da un pequeño permiso para mostrar sus juguetes es por poco tiempo y a regañadientes. El elefante caprichoso se llama Fondo de Cultura Económica (FCE).

¡Qué batalla para que los libros de las editoriales independientes estén en sus librerías! En Guadalajara es necesario organizar una presentación que obliga a generar un pedido y poder así vender al momento. De otro modo, los encargados siempre están en inventario o haciendo devoluciones y no pueden atender previas solicitudes.... Los libros que una vez entraron podrían permanecer meses sin encontrar su sitio o quedarse en almacén, y se acabó. En contraste, trasnacionales como Penguin Random House y Planeta son omnipresentes, con mesas y en novedades.

Las estanterías nos muestran con claridad la situación desventajosa donde dominan las reservaciones y los guetos. El primer orden es la reservación del propio FCE, que a mi parecer debería estar exhibido donde corresponda según sus temáticas, con los demás libros de todas las editoriales. El segundo orden es el de los guetos de las trasnacionales, que en parcelas de sus propios sellos editoriales ocupan mesas de tiempo indefinido. Y los editores nacionales independientes, con más de cien sellos y miles de títulos, no están allí ni en su mínima representación.

Para el FCE el emprendedor nacional vale menos que cualquier subproducto trasnacional.

miércoles, 11 de abril de 2018

Las cuentas siguen sin cerrar o más o menos


Daniel Gigena publicó en La Nación, del 4 de abril pasado, este breve artículo que resume el informe estadístico de la Cámara Argentina del Libro para el período 2017.

En 2017, la industria del libro pasó
de terapia intensiva a intermedia

Desde 2001, la Cámara Argentina del Libro (CAL) publica un informe estadístico sobre el mercado editorial local a partir de los datos registrados por el ISBN, el "DNI" de cada libro que se publica y comercializa en suelo argentino. El informe anual incluye la cantidad de títulos y ejemplares registrados, los canales de distribución, las temáticas y los soportes de publicación, como también la producción de novedades y su primera tirada. Pocas semanas antes del inicio de la 44» Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se conoció el informe de la producción de novedades durante 2017. El panorama que describen las cifras, sin dejar de ser preocupante, es menos dramático que el de 2016. La CAL informó que las editoriales y empresas asociadas notificaron que las ventas de libros suavizaron la caída, que en 2016 había alcanzado el 20%. En 2017, esa merma se ubicó entre el 5 y el 7%.

La producción de ejemplares, sin embargo, sigue cuesta abajo. De 84 millones de ejemplares que se producían en 2015, en 2016 pasaron a ser 63 millones y en 2017, a 51 millones. La caída acumulada de 2015 a 2017 alcanza el 35%. Eso significa que se produce apenas poco más de un libro por habitante en la Argentina. Si bien las novedades se mantienen estables desde 2013, con un total de 28.440 títulos, las tiradas se redujeron. "Pasaron de 5000 a 3000, de 3000 a 2000 y de 2000 a 1000 ejemplares en muchos casos", dijo a La Nación Diana Segovia, gerenta de la CAL. La tirada promedio sobre el total de los libros en papel supera apenas los dos mil ejemplares. Quizás por ese motivo se explica que un libro que vende diez mil ejemplares se convierta en un best seller. La proporción de libros en soporte digital respecto de libros en papel se mantiene constante desde 2012. En 2017 se registraron un total de 4861 libros electrónicos, un 17% sobre el total. En cuento a las temáticas, la literatura infantil y juvenil, la literatura para adultos, las ciencias sociales y los libros de texto encabezan el ranking de los títulos publicados por el Sector Editorial Comercial (SEC), con un 20%, un 19% y un 13%, respectivamente .

El centralismo es otra característica aún invariable del libro argentino. El 80% de la producción proviene de la ciudad de Buenos Aires: nueve de cada diez libros se producen en esta ciudad.